miércoles, 30 de enero de 2013

La ironía del éxito social por Ignasi Meda


Publicado por Sociólogos Plebeyos
Abarcar el éxito y/o el prestigio social es el sueño de la gran mayoría de nosotros, una vez quedan cubiertas las principales necesidades básicas, como son la comida, el hogar o el afecto de los seres más queridos. Soñar o imaginarse a uno mismo como un triunfador en el mundo de los negocios o en otros tantos espacios sociales como uno pretenda conquistar, es gratuito, y hasta un cierto punto, puede resultar gratificante (los científicos dicen que se activan las mismas zonas cerebrales cuando imaginamos una acción que cuando la realizamos). Sin embargo, este ejercicio creativo e imaginativo, puede pervertirse si lo convertimos en nuestro único objeto de deseo, pues éste será, casi con total seguridad, la semilla de futuras frustraciones (lo vamos a ver en seguida).

Nassim Nicholas Taleb, matemático empírico y autor del libro “El Cisne negro: el impacto de lo altamente improbable“, nos explica que hay profesiones como por ejemplo las de dentista, consultor o masajista, que tienen un “tope”, es decir, que por más que uno se esfuerce, habrá un límite en el número de pacientes o clientes que uno podrá atender en un determinado tiempo. Si abrimos un restaurante de moda, lo máximo a lo que podremos aspirar es a llenar el comedor todos los días. Aquí es donde el autor del libro pone énfasis en la siguiente reflexión: por muy bien pagadas que estén este tipo de profesiones, los ingresos dependen de los esfuerzos continuos de cada uno de nosotros. Así, un dentista por ejemplo, tan solo podrá atender a unos cuantos pacientes más si este incrementa su esfuerzo .

Sin embargo, y aquí viene lo interesante, si fijamos nuestra atención en otro tipo de profesiones, como las de los escritores de libros, un autor, para atraer a un solo lector, realiza el mismo esfuerzo que realizaría si quisiera captar a varios cientos de millones. J.K.Rowling, autora de Harry Potter, no tiene que escribir nuevamente sus novelas cada vez que alguien quiera leerlas. En cambio, el dentista, deberá arreglar tantas bocas, como pacientes se presenten a la consulta. Lo mismo ocurre con un panadero, que tiene que hacer todas y cada una de las barras de pan para atender a todos y cada uno de los clientes.
Al respecto, Nassim Taleb explica en su libro que … “la distinción entre el escritor y el panadero, el especulador y el médico, el estafador y la prostituta, es una buena forma de observar el mundo del trabajo.Permite diferenciar las profesiones en que uno puede añadir ceros a sus ingresos sin gran esfuerzo frente aquellas en que se necesita añadir trabajo y tiempo”.
Queda clara pues la distinción que hace este autor de las profesiones de trabajo: por un lado, las que este matemático define como profesiones “no escalables”, que vendrían a ser aquellas que no dejan mucho margen de maniobra a la pretensión de mejorar los ingresos de uno (el panadero, el dentista, la prostituta, etc.). Y por otro lado, hay las profesiones “escalables”, es decir, aquellas que generan la posibilidad de incrementar los ingresos en función de unas determinadas decisiones que se tomen en un momento determinado (el especulador, el escritor, el cantante…).
Ahora podríamos plantearnos lo siguiente: ¿es preferible dedicarse a una profesión “no escalable” o a una que sea “escalable”?. De entrada, las profesiones escalables pueden resultar más atractivas, en el sentido de que uno puede ganar mucho, con la ley del mínimo esfuerzo (un cantante solo tiene que interpretar una canción para atraer a muchos admiradores, mientras que el médico tiene que atender a cada cliente para acabar ganando lo mismo a final de mes). Sin embargo, Nassim Nicholas Taleb explica que él recomendaría dedicarse a una profesión no escalable. Su razonamiento se debe a que una profesión escalable sólo es buena para quien tiene éxito. Son profesiones más competitivas, producen desigualdades monstruosas y son mucho más aleatorias, con disparidades inmensas entre los esfuerzos y las recompensas: unos pocos se llevan una gran parte del pastel, dejando a los demás “marginados”. El autor del libro pone un ejemplo fascinante, de lo que implica la “escalabilidad” en las profesiones de trabajo: él mismo prefiere pagar 10 dólares por comprar un CD del pianista Vladimir Horowitz a pagar 7 por el de un pianista “desconocido”. Y lo aduce con la siguiente afirmación: “Si el lector me pregunta por qué escojo a Horowitz, le responderé que es debido al orden, el ritmo o la pasión, aunque probablemente existe toda una legión de personas de las que nunca he oído ni oiré hablar (aquellas que nunca llegaron a los “escenarios”) pero que sabían tocar igual de bien“.
En las profesiones “escalables”, aquellos que por alguna razón empiezan a recibir cierta atención, pueden alcanzar en poco tiempo, más mentes que otros, y desplazar de los estantes de las bibliotecas a sus competidores. En la antigua época de los trovadores, todos tenían su público. El cuentacuentos, como el panadero y el herrero, tenía su mercado y la seguridad de que nadie que llegara de lejos iba a desalojarle de su territorio. Hoy en día, unos pocos lo ocupan casi todo y el resto, casi nada. La desigualdad entonces se produce cuando alguien a quien se considera mejor sólo marginalmente, se lleva todo el pastel (pregunten a Bill Gates si esto no es así…).
 
¿Y si salimos del mundo de las profesiones, y elevamos esta cuestión al terreno entero de lo social? Nassim Taleb piensa que una gran parte de los asuntos sociales pertenecen al terreno de lo “escalable”. Las cantidades sociales son informativas, no físicas (no se pueden tocar). El dinero de una cuenta bancaria, por ejemplo, es importante pero no es algo físico. Y como tal, puede asumir cualquier valor sin que sea necesario emplear energía alguna. No es más que un número. Antes de la llegada de la era moderna, por ejemplo, las guerras pertenecían al mundo de lo “no escalable”: había que matar al enemigo uno a uno, cuerpo a cuerpo, igual que hoy el dentista trata, uno a uno, a cada paciente. Pero hoy, con las armas de destrucción masiva, lo único que se necesita es un botón para masacrar a miles de vidas, y sin haber un contacto físico con ellas. Igual que el autor de un libro de éxito, que únicamente tiene que escribir el libro una vez para conquistar a millones de lectores.¿A dónde nos lleva esta reflexión? Al inicio, explicaba a los lectores que aspirar a ser un “ganador” o un “triunfador” resulta un ejercicio gratificante, siempre que se separe la imaginación de lo realmente posible. Si no lo hacemos, decía, esto puede llevarnos a futuras frustraciones. Me estaba refiriendo al siguiente caso: uno no puede pretender dedicarse a cantar, vender libros o a invertir en bolsa, pensando que tal vez acabará forrándose, porque es altamente improbable. Esto, todo el mundo lo sabe… pero poca gente lo entiende. Nos empapamos de casos reales de gente que ha triunfado, pensando que si actuamos como ellos, tal vez acabemos obteniendo los mismos éxitos. Los héroes llaman la atención, los utilizamos como modelos a seguir o a copiar, con la esperanza de seguir sus pasos o a convertirnos en lo que son. El caso del mundo de las finanzas (que es escalable) es clarísimo: “aprenda a invertir en bolsa”, “conviértase en un bróker en cuatro días”, “dinero fácil en cuestión de horas”… Nos explican cómo se las ingeniaron aquellos que se forraron en poco tiempo, pero nadie nos explica dónde se encuentran los miles y miles y miles de perdedores que se arruinaron por el camino.
Porque para que unos pocos triunfen… otros miles y miles deben perder. ¿Les suena? Es el pastel que se reparten unos pocos… a los que nosotros luego encasillaremos como cracks, héroes, o gurús de las finanzas.
Ignasi Meda (@IgnasiMeda), gestor del Blog para la reflexión, sociólogo y Máster en Historia de la Ciencia: ciencia, historia y sociedad

 

jueves, 24 de enero de 2013

LA SOCIOLOGÍA Y EL CONSUMO


El postmodernismo implica la superación de una etapa moderna caracterizada por ser altamente racional y rígida, por la emergencia de un nuevo orden social más irracional y flexible que define a la sociedad postmoderna. El postmodernismo se relaciona con un relativismo cultural que se corresponde que se corresponde con el supuesto defendido por estos estudios de que “percibimos la realidad a través de algún tipo de filtro cultural” es este sentido “la percepción            que cada persona tienen de la realidad está moldeada por sus valores y preconcepciones subjetivas”

El concepto de postmodernismo o postmodernización se asocia con un mayor énfasis en la cultura como elemento que configura la acción humana.  En la sociedad de la abundancia, los individuos ven menos constreñidos por limitaciones sociales, disfrutando de un mayor espacio para la elección personal. Desde esta perspectiva, la cultura adquiere una mayor relevancia en la conformación de la acción humana, sin que la realidad externa le imponga limitaciones.

En una sociedad postmoderna el exceso de información, asociado a la configuración de una comunicación estilizada de signos, termina por saturar el sistema de relaciones sociales. Las clases sociales pierden su referencia en el sistema de producción y adquieres una dimensión cultural, convirtiéndose en una categoría de diferenciación simbólica que tiene que ver con la reproducción cultural.

El paso de la centralidad de la producción de la etapa moderna a la etapa del consumo postmoderno vendría señalando por el giro desde un determinismo social a un determinismo cultural. “el cambio de un orden productivo a uno reproductivo”. La realidad ha sido sustituida por un mundo de representaciones y signos. El consumo se desvincula de su valor de uso, lo que se consume son símbolos que han perdido cualquier referencia con la realidad. Es un triunfo de la cultura sobre lo social, quedando la cultura desligada de las relaciones sociales. La inflación de signos borra toda distinción entre lo real y la apariencia hasta que la simulación acaba con la realidad. Las diferencias sociales ahora se mantienen sólo en el orden de lo simbólico, perdiendo toda referencia en la realidad.

El avance de los niveles de vida de la población y el crecimiento individualismo de las sociedades postmodernas nos han dirigido a una situación en la que las clases sociales ya no funcionan como fuente de identidad y en la que el consumo destaca como fuente para la construcción del yo. Según este planteamiento, frente a la explicación del consumo moderno a partir de la posición en el sistema productivo, la clase pierde capacidad de actuar como fuente de identidad y organización colectiva. En este nuevo orden de cosas, cada vez somos más percibidos a través de nuestro consumo, gustos, cultura y estilo de vida.Bocock lo expresa de la siguiente manera: en el mundo postmoderno “el consumo sirve para establecer el sentido de identidad de quienes somos”, “los bienes de consumo se han convertido en un elemento crucial para el establecimiento de significados, identidades y roles de cada sexo en el capitalismo postmoderno”.

El individuo intenta convertirse en lo que desea ser consumiendo artículos que piensa que le ayudarán a establecer y preservar la idea que tienen de sí mismo , de su imagen , de su identidad, expresando los valores, creencias e ideas asociadas a ese estilo de vida distintivo con el que se identifica y que trata de llegar. Como consecuencia, las identidades ya no vienen dadas por el nacimiento sino que son elegidas activamente, haciéndose fluidas y cambiantes. Paralelamente, los individuos dejan de pensar en términos de jerarquías.

El rasgo fundamental que caracteriza la nueva pauta de consumo postmoderno vendría definido por una ideología basada en la búsqueda del placer y la realización de experiencias a través del consumo. En la base de esta tendencia consumista nos encontramos con un individuo que nuestra su unicidad a través de su autoexpresión y autodesarrollo, viviendo experiencias muy diversas e intensas que le permitan experimentar distintas clases de emociones y de sentimientos.

 

martes, 17 de julio de 2012

Yo soy de clase media, ¿y usted? - Juan Carlos Barajas Martínez

 







Este es el tercer artículo que escribo acerca de la estratificación social. En "¡Oiga usted que todavía hay clases!", se hacía un análisis de la estratificación social a lo largo de la historia. En, "El gran montaje", se explicaba el proceso de legitimación o cómo las élites consiguen justificar la desigualdad. En el presente artículo se analiza las clases sociales actuales.


Estoy seguro de que si en una encuesta científica se preguntara acerca de la clase social a la que se pertenece, la mayoría se colocaría dentro de la clase media. Estoy convencido de ello por dos razones, en primer lugar, hay grupo de trabajadores, normalmente de cuello blanco y en el sector de servicios, que no quieren aparecer como trabajadores, no entra dentro su visión del mundo considerarse como tales. En segundo término, hay un grupo menor en tamaño, que no quiere aparecer como rico bajo ningún concepto, cuando lo son de sobra, así que prefieren autocalificarse como de clase media alta como mucho. De todas formas hay que decir que asignar a las personas a una determinada clase social es cuestión más complicada de lo que parece.

La clase es la forma de estratificación social en la que se dividen las sociedades modernas, que surgió de la revolución industrial sustituyendo al antiguo régimen estamental. Si la sociedad se divide en clases, en una escala en la que cada una tiene más poder y dinero que la inmediata inferior, parece fácil describir qué clases son y quiénes pertenecen a cada clase. Pues no. Hay toda una controversia para ponerse de acuerdo en el número de clases, tipos de clases y dimensiones en las que medir la desigualdad entre ellas. No se arregla todo con clase alta, media y baja, y todo el mundo apuntándose a la clase media.

Para Carlos Marx, la dimensión de la desigualdad social es la propiedad de los medios de producción. Por lo tanto, habría dos clases sociales, los capitalistas o burgueses propietarios dichos medios y el proletariado cuya única “propiedad” es el trabajo. Evidentemente, según esta visión, existe un claro conflicto de intereses entre ambas clases, dicho conflicto toma la forma de una continua lucha de clases que, por cierto según esta visión, es el motor de los cambios sociales a lo largo de la historia.

Uno reconoce aspectos reales en esta visión de la sociedad y ahora más que en los años anteriores cuando parecía que íbamos a vivir protegidos por el Estado de Bienestar, con el neoliberalismo campando a sus anchas, uno tiene la tentación de coger el Manifiesto Comunista e irse a la barricada. Controlemos pues nuestra indignación, somos científicos sociales y debemos hacer una sociología libre de valores. Hay que reconocer que la visión marxista de la estratificación es limitada, solo estudia una dimensión: la propiedad de los medios de producción, o su traducción al dinero, el capital. Y la sociedad es claramente más compleja que eso.

Max Weber realizó un análisis basado en tres dimensiones y, por tanto, más completo que el análisis marxiano. Las dimensiones weberianas son clase, estatus y poder. La clase hace referencia al poder económico, la renta o ingresos; el estatus al honor o al prestigio social y a los privilegios que derivan de dicho estatus y, el poder, al poder político. De manera que la posición de una persona en las clases sociales dependerá del cálculo de su posición dentro de cada una de las tres dimensiones, obteniendo lo que más tarde se ha llamado la posición socioeconómica de dicha persona. Dicho de modo más claro, un líder sindical probablemente no tenga unos ingresos elevados pero si disfruta de una posición elevada en la dimensión de poder y su posición socioeconómica será más alta que la de cualquier persona que obtenga sus mismos ingresos.

Los investigadores posteriores han tomado el análisis multidimensional de Weber añadiendo o modificando dimensiones como el nivel educativo, si el trabajo es manual/intelectual, la cualificación ocupacional y otros. De manera que se adaptan a las distintas sociedades y distintos tiempos históricos, pero en la raíz, es la misma metodología que inventó Weber.

Pero eso no es todo, hay más problemas, nos faltan los detalles de la metodología a aplicar. Hace unas décadas se utilizaba, como patrón de medida de la posición económica de los miembros de una familia, al cabeza de dicha familia. Hoy en día está caduco este sistema ya que la mujer se ha incorporado al mundo del trabajo y es muy común la estructura familiar en la que los dos cónyuges trabajan. ¿Y cuando uno de los cónyuges tiene una posición socioeconómica muy superior al otro?. En estos casos, ¿tenemos en cuenta a las personas por separado o al núcleo familiar?. El método habitual es considerar a la familia al completo, de tal forma que si son tres los miembros de la familia que trabajan, si viven juntos, la posición socioeconómica es común. De hecho los hijos que están a cargo de sus padres comparten la posición socioeconómica de sus progenitores hasta que se independizan.

Y, como último paso, nos queda diseñar la estructura de clases a la que asignar a las personas según su posición socioeconómica. Para una sociedad moderna industrializada y, si me apuran, postindustrializada, y después de haber comparado varias clasificaciones, una buena sería: clase alta, clase corporativa, clase media-alta, clase media, clase media-baja, clase trabajadora y subclase.

En los países industrializados las clases altas constituyen entre 5 y el 10% de la población e incluyen un sector muy pequeño de súper ricos, en torno al 0,2 % de la población[i]. La componen la clase alta y la clase corporativa.

La pertenencia a la clase alta es casi siempre el resultado del origen o del nacimiento. Son los grandes propietarios, familias que poseen un enorme patrimonio normalmente heredado, de ahí que a veces se use el término dinero viejo. En el caso español, el prototipo de esta clase sería la familia de la Duquesa de Alba.

La clase corporativa, grupo tan privilegiado como lo pueda ser el anterior, son por lo general los grandes empresarios, altos ejecutivos de las empresas o grandes financieros. La principal característica que les diferencia de los anteriores es que dependen de sus ingresos y no de un patrimonio heredado.

Existiría un grupo menor formado por artistas y deportistas famosos con elevados ingresos y que habría que colocar dentro de las clases altas.

Las clases medias históricamente han estado constituidas por los grupos sociales intermedios entre los ricos y los pobres, personas que se ocupaban del comercio, la industria manufacturera y las profesiones liberales. Curiosamente Marx predijo su desaparición y Weber su crecimiento. A pesar del castigo al que son sometidas durante los períodos de crisis como el actual, se han ido convirtiendo en un grupo amplio en las sociedades europeas, entre el 35 y 40% de la población.

La clase media alta es la más privilegiada dentro de las clases medias. Sus ingresos son notablemente superiores a la media del conjunto de la población. En muchos casos son propietarios, aparte de su vivienda habitual, de una segunda residencia, tienen más de un automóvil y una cartera de inversiones[ii]. Forman parte de esta clase, los profesionales liberales, cuadros directivos y predirectivos de la Administración Pública y las empresas. Suelen tener formación universitaria y sus hijos suelen recibir el mismo tipo de educación, de hecho no heredan sus puestos pero si que suele darse una alta tasa de reproducción social[iii].

La clase media-media está formada por profesionales que tienen amplia autonomía en su trabajos, seguridad en sus puestos y ejercen y detentan cierta autoridad. Suelen tener formación universitaria. Son los cuadros intermedios de la Administración pública y las empresas, pequeños comerciantes y pequeños propietarios. Suelen tener casa y vehículo propio.

Los miembros de la clase media-baja suelen tener trabajos de menor prestigio. Son empleados o trabajadores de cuello blanco, o trabajadores cualificados de cuello azul. Sus rentas suelen estar en torno a la media nacional, lo que les proporciona una calidad de vida relativamente modesta. Suelen acumular a lo largo de su vida algún patrimonio que España usualmente es la vivienda. La formación educativa en la mayoría de los casos suele ser el bachiller, o la formación profesional.

La clase trabajadora solía tener conciencia de clase, fuertes sentimientos de identidad enraizados en comunidades asociadas a una industria determinada como los metalúrgicos, los mineros, los obreros textiles, los de artes gráficas – que fueron los fundadores del movimiento obrero en nuestro país-. Con los cambios sociales habidos en los últimos años como son la reducción de las explotaciones mineras, la reconversión industrial y el incremento del sector de los servicios, han aparecido nuevas formas de empleo que han llevado al declive de estas viejas comunidades y, con ellas, de esa conciencia de clase de la que hablábamos a favor del individualismo. Es más, como indicaba al principio de este escrito muchos de los miembros de la clase de trabajadora no se autodefinen como miembros de esta clase.

La clase trabajadora está formada por los trabajadores de cuello blanco y cuello azul no cualificados. Generan unas rentas familiares que por lo general son inferiores a la media nacional. Sus trabajos suelen ser rutinarios y sometidos a una fuerte supervisión por parte de la empresa. En España suelen tener vivienda propia ubicada en distritos o barrios modestos. Las familias de esta clase son muy vulnerables a los ciclos económicos, en épocas de crisis, sobre ellos recaen las mayores tasas de desempleo y empobrecimiento. Su formación es básica, suelen tener los estudios obligatorios.

La subclase[iv] abarca a todas aquellas personas que sobreviven entre el desempleo y el empleo precario. No necesitan de una crisis económica para empobrecerse. En su caso los subsidios o las ayudas sociales que reciben son críticos para la economía familiar. También se incluyen en este sector los que reciben pensiones bajas, familias desestructuradas – como mujeres divorciadas o viudas con pensiones bajas y con hijos –, o los desempleados de larga duración, en términos generales, los que viven fuera del mercado laboral.

En Europa, el problema de la subclase a menudo va asociado a problemas de inmigración ilegal. Recién llegados, sin papeles y étnicamente diferentes son caldo de cultivo de la marginación, aunque la larga noche de la crisis que vivimos hace que este sector se engrose con personas del propio país.

Y para terminar, dos cuestiones que no puedo dejar de tratar. En primer lugar, desde hace unos treinta años, existe entre los sociólogos un cierto debate sobre el fin de las clases sociales. Algunos autores argumentan que las sociedades modernas han ido desdibujando la frontera entre las clases hasta el punto de que el concepto “clase social” ha perdido utilidad. Según estos autores, aunque la desigualdad social siga creciendo, la cuestión es si estas desigualdades pueden justificarse mediante el concepto de clase.

Hoy en día, la línea divisoria que separa las clases no es de carácter político sino de estilo de vida o de hábitos de consumo. Más importantes que las diferencias entre trabajadores y propietarios de los medios de producción, son las diferencias entre el que tiene trabajo y el que está en el paro, el que tiene vivienda propia o está en alquiler, el que cobra un sueldazo y el que cobra un salario de miseria. Según Klaus Elder por ejemplo, las clases sociales se han disuelto en el tejido social, en donde ya no existe un conflicto bipolar entre trabajadores y empresarios sino conflictos multipolares como nos muestran los numerosos movimientos sociales surgidos desde la década de los ’60 – ecologismo, feminismos, pacifismos, etc -. Según estos autores, el análisis de las clases sociales se ha complicado hasta tal punto que ya no está claro lo que se está estudiando.

Yo opino que, a pesar de que todos esos cambios sociales son notorios y ciertos, el concepto de clase social sigue siendo útil a pesar de lo difícil que es su manejo desde un punto de vista empírico. Pero es que todavía, que yo sepa, no se ha inventado nada alternativo y, por lo tanto, es un concepto necesario para poder estudiar la estratificación social.

La segunda cuestión que quería tratar es lo que se ha denominado “el declive de la clase media”, es decir, una cierta tendencia hacia el deterioro de la calidad de vida y la seguridad económica entre las clases medias de las sociedades industriales. Creo que esa tendencia es cierta y se podría explicar fundamentalmente por dos razones – que pueden subdividirse en múltiples subrazones -, la primera de ellas es el fenómeno de la globalización de la economía. Gran parte de la industria que hace sólo una generación ofrecía trabajos bien remunerados en los países occidentales se ha trasladado a los países en vías de desarrollo. En su lugar las economías occidentales ofrecen nuevos empleos en diversas ramas del sector servicios que suelen estar peor remunerados y con ello se da un fenómeno de movilidad social descendente de la clase media hacia la clase trabajadora y una depauperación de la clase trabajadora.

Y ya por último – los que sufren con la longitud de mis artículos estarán de enhorabuena - en segundo lugar, como consecuencia también de la globalización y del pensamiento único[v], se está produciendo un ataque sostenido al Estado del Bienestar que hace mella en las capas menos favorecidas de la sociedad, llevando consigo un empobrecimiento y una mayor desigualdad porque, por poner un ejemplo de actualidad - esta semana ha sido la del medicamentazo -, si tienes que pagar la totalidad de un medicamento que necesitas eres inevitablemente más pobre. Porque si pierdes terreno en derechos sociales acabas siendo más pobre. Así que, desgraciadamente, me veo inmerso en ese proceso de declive – sobre todo desde la aparición del euro -, porque - para que lo sepan - yo soy de clase media, ¿y usted?.



Juan Carlos Barajas Martínez

martes, 6 de marzo de 2012

UNA EXPERIENCIA DIVINA: IGLESIA PENTECOSTAL LA COSECHA

Las practicas religiosas como hecho o fenómeno social han ocupado un lugar privilegiado como tarea analítica y reflexiva de las ciencias sociales. La lectura con objetividad, representativa y subjetividad sociológica, privilegio el estudio de las religiones como dimensión fundacional en la formación de la identidad individual y colectiva. Las organizaciones con misiones de conquista y evangelización son parte de nuestra historia colonial; la evangelización como principal argumento para desarrollar un proceso de “penetración y colonialización” a nuevas tierras fue el principal argumento que sostuvo todo el proceso de conquista española.
La presentación y enseñanza de nuevos códigos con esencia cristiana le fueron dando forma a una renovada estructura social, lo que finalmente le dará vida a nuevas percepciones e ideales de las poblaciones indígenas y colonas.
Los argumentos teóricos de la religión como un hecho fundamental en la sociedad moderna con su propio carácter estructural, no se ubican dentro de mis pretensiones en el presente escrito que mas bien trata de concentrarse en el significado social que tiene esta clase de prácticas religiosas para un sector de la población.
Si tratamos de describir algunas de características más resaltantes de podemos observar de los individuos o oleadas de individuos que acuden a estos espacios que crean las iglesias evangélicas, y muy especialmente en la Iglesia Pentecostal la Cosecha, es su procedencia rural, migrantes de primera generación y segunda de las partes altas del departamento, otras característica ya mas estructurales son seguramente su bajo nivel educativo y su ubicación entre el grupo de poblaciones consideradas de un nivel pobre a pobreza extrema.
Son en estos espacios de concentración masiva donde la iglesia a través de su hermano mayor o pastor van construyendo rituales a través de la praxis de una metodología que pasa por diversas etapas a las cuales le vamos a denominar como: iniciación o preparación, evocación o apertura, transe, recibimiento del poder divino, compromiso o gracias por el bendición recibida y  final. Son en estos espacios en donde el individuo reivindica, renueva y reafirma sus ideales y percepciones mágicos religiosos, que seguramente le fueron otorgadas y aprendida en su proceso de socialización en sus espacios naturales o primarios.
La hipótesis que  proponemos se podría enmarcar dentro de la participación activa de grupos focalizados de individuos en espacios ritualizados donde se revalora y reafirma sus percepciones e ideales mágicos religiosas, este tipo de participación tiene una valoración o valides social como estrategia de movilidad social dentro de sus propios espacios comunales, es decir la participación activa  dentro de estos espacios que crean las Iglesias evangélicas tiene un fin determinado , para este grupo de poblaciones, el asenso en el orden del status social, dentro de su entorno sociales, llamase barrio, sus organización social, su propia comunidad.

lunes, 27 de febrero de 2012

LAS ORGANIZACIONES URBANO POPULARES

En este trabajo propongo a propongo una mejor comprensión del significado que tienen las Organizaciones Urbano Populares dentro de un contexto o espacio que esta definido por la intersección de dos dimensiones: la modalidad de inserción productiva y el consumo.
Las organizaciones contribuyen a la formación de pobladores populares como sujetos sociales, a través de fortalecer el tejido social y asociativo (fortalece la construcción de vínculos comunitarios entendidos como “relaciones caracterizadas por un alto grado de intimidad personal, profundidad emocional, compromiso moral, cohesión y continuidad en el tiempo”.), al afirmar identidades culturales y al crear practicas y subjetividades políticas democráticas.
Quienes participan en organizaciones generalmente reivindican valores como la solidaridad y la justicia, asumen compromisos de defensa de lo público (entendido como lo común) participan activamente en los asuntos locales se organizan y movilizan en torno a derechos colectivos (la participación opera en términos de justicia, solidaridad y ayuda mutua).
Las organizaciones parten implícitamente de un principio fundacional: la reivindicación de la relacional, de la construcción de redes sociales como espacio de encuentro voluntario en el que media lo afectivo y se establecen niveles de interrelación, solidaridad, conflictos e intercambios recíprocos. Las organizaciones potencian la construcción de vínculos comunitarios, es una fusión de sentimientos y pensamientos, de tradición y compromiso, de pertenencia y volición.
Las organizaciones entienden que su intencionalidad política no consiste en “tomar el poder” sino construir poder desde todos los espacios sociales, entendido éste como proyecto alternativo y articulación colectiva, como capacidad para gestar y desarrollar proyectos viables que se consideren legítimos en función de sus ideales y principios de generar nuevos esquemas de participación y organización que fortalezcan la capacidad de la población para enfrentar eficazmente sus problemas,  a la ves que interiorizan nuevos marcos valorativos y modos de representar la sociedad. 
En momentos en que la desafección por la democracia es tan extendida en el país, que incluso las nuevas forma de participación ciudadana no han podido re-legitimar, es necesario preguntarnos por aquellas prácticas sociales que acompañan el desempaño de la institucionalidad política.
Las organizaciones sociales proyectan sentido de pertenencia e identidad, son espacios de politización y muchas veces radicalización en los sectores populares.
Las organizaciones civiles canalizan y proveen elementos de identificación y diferenciación social a la mayoría de la población. Tienen un doble y contradictorio papel, de un lado promueven prácticas cívicas democráticas entre sus miembros o asociados a través de procesos electorales. Peor por otro lado, reproducen prácticas no civiles en las disputas internas que legitiman una cultura política autoritaria y caudillista.
Las organizaciones son espacios privilegiados para observar la vida asociativa y la cultura política dominante en una sociedad o comunidad.    
Son asociaciones voluntarias que conformadas por individuos que se reúnen periódicamente para organizar colectivamente prácticas a corte de sus principios u objetivos. Estas organizaciones son parte del tejido organizativo de la sociedad civil.
El norteamericano Alex Tocqueville sostienen en su libro “Democracia en América” que las organizaciones o asociaciones civiles que forman los ciudadanos para una variedad de fines son de enorme importancia en una cultura democrática, son capaz de sostener y darle legitimidad a la institucionalidad política, también argumenta que las asociaciones civiles alientas la participación libre de los ciudadanos en asuntos de interés colectivo, fomentan hábitos de sociabilidad basados en la deliberación y respeto a lo acordado y fortalece el aprendizaje de las normas y los procedimientos democráticos electorales.
La calidad de las tradiciones civiles que se forman en las asociaciones civiles tiene un impacto formativo en las actitudes de los ciudadanos con respecto al sistema político. En suma, las asociaciones pueden ser espacios de prácticas democráticas o reflejo se sus propias limitaciones y desafíos.
Las asociaciones civiles, reivindican el derecho político a la libre asociación.